Estrabismo convergente y estrabismo divergente

Estrabismo convergente y estrabismo divergente

El estrabismo es un defecto visual que produce la desviación visual de uno de los ojos. De esta manera, los ojos tienen diferentes ejes visuales. Existen dos tipos: estrabismo convergente y estrabismo divergente. Te contamos cuáles son las diferencias.

Estos tipos de estrabismo responden a una clasificación en función del ángulo o dirección en la que se desplaza el ojo que sufre la desviación y presentan diferencias en varios sentidos: desde la edad en que se producen a sus características y tratamiento.

El estrabismo es una de las principales preocupaciones de padres y madres ya que es uno de los defectos visuales más fáciles de reconocer en los niños desde una edad muy temprana. Ya hablamos sobre cómo puede causar ojo vago o ambliopía cuando se produce en la infancia.

Estrabismo convergente

Es aquel en el que el ojo “mira” hacia dentro, hacia el lagrimal. También denominado endotropía.

Este tipo de estrabismo suele ir acompañado de la aparición de hipermetropía y es el más frecuente en los niños. De hecho, cuando es consecuencia de la hipermetropía del niño (ya que el ojo aún no está formado en su totalidad), se denomina acomodativo y suele corregirse con gafas cuando el niño va creciendo.

En el caso de los adultos, en este tipo de estrabismo la solución normalmente pasa por la cirugía ocular.

Estrabismo divergente

Es cuando el ojo se desvía hacia fuera y se denomina exotropía.

Es un tipo de estrabismo menos frecuente y suele aparecer más tarde, cuando el niño ha pasado la etapa de bebé y está entorno a los 3 años. A partir de eses momento, las personas que lo sufren lo manifiestan progresivamente y los síntomas se acentúan.

Un 4% de la población que sufre estrabismo divergente es adulta y los síntomas suelen aparecer asociados a la lectura y otras tareas en visión próxima: estrés ocular y sensación de tirón alrededor de los ojos, cefaleas, visión borrosa, movimiento de las letras e incluso somnolencia.

Un diagnóstico adecuado y un tratamiento temprano son fundamentales ya que la imposibilidad de fijar la vista en un punto, afecta a la visión binocular y puede tener consecuencias en el correcto desarrollo del bebé y el niño.

Ante la aparición de sintomatología, es recomendable acudir al oftalmólogo cuanto antes para una correcta valoración y tratamiento.

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