Operar la vista cansada: ¿cuál es la mejor técnica?

Operar la vista cansada: ¿cuál es la mejor técnica?

La presbicia o vista cansada es un problema de acomodación de la vista que afecta a la mayoría de adultos a partir de los 45 años. Es un problema muy frecuente que afecta al 100% de la población.

La dependencia de las gafas de cerca presenta para muchas personas un problema real en su día a día ya que no están habituados a su uso. Además la necesidad de las gafas supone para algunos pacientes un pequeño “shock” emocional que les hace percibir que “se hacen mayores”.

Aunque el uso de gafas puede no ser cómodo para el paciente, es recomendable tratar la presbicia en primera instancia con una gafas de cerca. En este sentido, es importante señalar que las gafas deben ser adquiridas en un establecimiento adecuado tras la evaluación del oftalmólogo y/o optometrista. Las gafas premontadas son desaconsejables ya que sus lentes funcionan como lupas que a la larga pueden deteriorar la salud de nuestros ojos.

Para aquellos pacientes a los que las gafas resultan verdaderamente incómodas, existen también las lentes de contacto progresivas. Son lentillas que permiten ver de lejos y de cerca. Con ellas no se consigue una visión extraordinaria, pero lo cierto es que facilitan mucho la vida.

Cuando gafas y lentillas no responden a las necesidades de los pacientes, existen soluciones quirúrgicas. Nos referimos a las llamadas operaciones con láser y a la implantación de lentes intraoculares.

El láser realmente no va a corregir la vista cansada, lo que hace es mejorarla en mayor o menor medida. No así los implantes intracorneales, aunque cada caso debe ser evaluado por el oftalmólogo.

Los implantes intracorneales son microlentillas, 5 veces más pequeñas que una lente convencional, mucho más finas (su espesor es de apenas unas micras) y se introducen en el interior de la córnea.

Dentro de los implantes intracorneales, el implante Kamra es uno de los más recomendados. Ya explicamos anteriormente su funcionamiento. Se trata de una especie de diafragma similar al de las cámaras fotográficas pero de 3,8 mm de diámetro que al implantarse mediante una técnica láser en apenas unos minutos permite tener visión de cerca prácticamente al día siguiente de la operación.

El funcionamiento de este implante se basa en el mismo mecanismo que utilizamos para ver mejor cuando guiñamos los ojos. Al reducir la apertura de nuestros ojos ganamos en agudeza visual y con ello en capacidad de enfoque: el implante Kamra tiene una abertura de 1,6mm que permite concentrar la luz en el centro del ojo y así enfocar los objetos cercanos.

El postoperatorio de esta operación es muy sorprendente porque no hay dolor y en las siguientes 24 horas se ha recuperado totalmente la visión.

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